“No hay americanos negros sino negros africanos que viven allí”

“En mi música hay blues, rock, reggae… las músicas de la diáspora africana. Cuando me hablan de los negros americanos yo les digo, como hacía mi padre, que no hay americanos negros sino negros africanos que viven en América. No tienes más que preguntarles de dónde salieron sus abuelos”, dice en francés por teléfono desde un hotel de Lituania. El cantante y guitarrista maliense actúa hoy jueves en el Womad que se celebra hasta el domingo en Las Palmas de Gran Canaria (Parque de Santa Catalina).

Vieux Farka Touré, nacido en 1981 en Niafunké, a orillas del río Níger, es hijo de una leyenda de la música africana. El cuarto de los 12 hijos de Ali Farka Touré, el hombre que unió en su música las tierras áridas de Malí con el delta del Misisipi, el guitarrista y cantante que grabó con Taj MahalThe source, con Ry Cooder Talking Timbuktu y con Toumani Diabaté el también premiado In the heart of the moon, y que tras sus giras por Europa y Estados Unidos regresaba a la granja sin electricidad ni teléfono en la que cultivaba arroz y limones.

“En la época de mi padre había gente que llegaba a África y te hacía firmar contratos con los que te explotaba. Y él no quería que yo pasara por las mismas dificultades. La música no es un trabajo que vas por la mañana al despacho y por la noche vuelves a casa tan tranquilo. Pasas meses lejos de tu familia. La gente no se imagina lo agotador que resulta”, dice. Ali Farka Touré tenía otros planes para su hijo: el Ejército. “Pasé un año en la academia y cuando vi cómo eran los militares y cómo viven me dije que eso no era para mí”, recuerda. “No me gusta un lugar en el que no te ríes así que le dije a mi padre que prefería ir al Instituto Nacional de las Artes. Sí, mi padre era autoritario y muy tozudo, pero no tanto como yo”. Incluso le compró a Vieux su primera guitarra: “Una con cuerdas de nailon que me trajo de Bulgaria y que todavía guardo”.

De los consejos paternos hay uno que no olvida: “Quédate bajo tierra”. “Solía repetir, y significa mucho para mí, que hay que permanecer escondido. Como la serpiente que, mientras no la ve nadie, va engordando. Porque en África cuando alguien empieza a destacar intentan pisotearlo”, asegura. “Yo todavía no estoy muy gordo, soy un peso medio”, añade riendo.

“Mucha gente me ha preguntado ¿por qué no tocas la música de tu padre? Yo no estoy obligado a hacer lo mismo que él. Soy del siglo XXI. Hago la música como la siento y como me apetece. Mi padre supo hacerlo en su momento. Hay que seguir adelante, ser creativo”, afirma. Aún así, mantiene un vínculo con el pasado: “Todo lo que yo hago viene de la anterior generación, de la tradición. Tienes que tener un pie siempre en la fuente y el otro dónde tú quieras”.

Malí es el país de estrellas como Salif Keita, Oumou Sangaré, Toumani Diabaté… Una cultura musical extraordinaria. “Hay muchos dialectos, cada uno con su propia música, y hay tantas y tantas músicas que por más que tomes siempre queda”, explica. En el segundo disco de Vieux Farka Touré, Fondo, como ya sucedía en el primero, se escucha la kora de Toumani Diabaté. “Es mi padrino y mi consejero. Un guía no sólo en la vida musical, él me asesoró para los contratos discográficos, sino también en lo personal. Si tengo problemas se los consulto porque a veces te equivocas y tus mayores pueden indicarte el camino”.

Publicado en El País, 12/11/2009

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *