“Pienso en ritmo, melodía y poesía” Adriana Calcanhotto

Las letras de su disco Maré son de poetas brasileños como Antonio Cícero, Arnaldo Antunes, Waly Salomão, Augusto de Campos o Ferreira Gullar, que suele decir que hay poesía porque la vida no basta. “Completamente de acuerdo. También dice, bueno, lo dijo Elliot, que el poeta escribe para librarse de las emociones. Ahí el problema empieza a ser del otro”, comenta riendo. A Adriana Calcanhotto (Porto Alegre, 1965) le gusta mucho Joan Brossa. “Hay muchos poemas sin poesía y él en cambio tiene mucha poesía en cosas que se llaman poemas visuales sólo porque hay que llamarlos de alguna manera. Su obra es violenta, delicada, con mucho humor”.

Maré, coproducido por Arto Lindsay, tiene que ver con el mar. “Me fascina el mar, ese mar de la literatura y las canciones, el mar como metáfora de la condición humana”, explica. Cuando hace 10 años grabó Maritmo no pensaba en términos de trilogía. “Lo hice y punto. Al darme cuenta de que las canciones que me iban gustando seguían siendo marítimas decidí asumir la idea de trilogía. Pero no necesariamente habrá un tercero”.

Adriana Calcanhotto busca la sencillez. “Mi meta es llegar a lo esencial. Ir eliminando excesos. Refinando hasta quedarse sólo con lo que es esencial lleva tiempo y da mucho trabajo. Pero es divertido porque es un proceso y los procesos siempre me interesan”, confiesa. Dice que le ha influenciado el punk. La idea de “no sé hacer música, pero la hago”. También se identifica con John Cage: “Porque no pensamos en términos de armonía. Me identifico también con el humor y con que trabajo con el azar, la pausa, el silencio. Yo pienso en ritmo, melodía y poesía. Así construyo mi trabajo. Por eso me gustó el rap cuando lo oí por primera vez”.

En la música brasileña se está produciendo un tránsito libre entre estilos, y ya no hay movimientos como la bossa nova o el tropicalismo. “Me parece muy bueno que sea así. Por los medios de producción, al poder hacer tu disco en tu ordenador portátil en casa, las personas trabajan más aisladas”, dice. “Hace unos años yo recibía material de compositores y cantantes en el que veías muy nítidamente las influencias. Ya no. Hoy los músicos jóvenes quieren ser ellos mismos. Creo que este cambio tan rápido tiene mucho que ver con Internet. La gente ahora escucha lo que quiere”.

Acaba de publicar en Brasil Saga lusa, un libro en el que narra un mal viaje provocado por la ingesta de medicamentos. “Estaba de gira en Portugal y en el segundo concierto me sentía muy mal, con bastante fiebre. Un médico dijo una cosa, otro otra, y en la confusión me tomé todo lo que me recetaron. Pasé cinco o seis noches sin dormir. Con alucinaciones y delirios. Estuve escribiendo en el portátil para sobrevivir. Fue lo que me salvó. Tenía la guitarra a mi lado todo el tiempo y no la toqué. Comprendo que alguien en esa situación se desespere y se tire por la ventana porque ya no controlas la mente”.

Con el heterónimo Adriana Partimpim grabó en 2004 un hermoso disco de canciones para los más pequeños. De niña escuchaba con sus padres a Chet Baker, Miles Davis, Piazzolla, y le horrorizaban las canciones infantiles. “No entiendo por qué tratan a los niños como si fuesen burros. En los espectáculos de Partimpin era estupendo que los adultos no se aburrieran. Los niños son transparentes. Dicen lo que piensan. No tienen las cosas tan establecidas. Todo puede ser. Y eso no es poco”.

Publicado en El País, 6/11/2008

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